Cuando el naranjo se viste de blanco azahar en flor,
y vuelven las golondrinas anidar en mi balcón,
viene mi pueblo acordarse de la Pasion del Señor.
Tunicas de penitencia,
encaje fino y mantilla,
costaleros valientes y con devoción,
negro tacón punta fina.
Crucifijos de madera,
plateadas cruces de guia,
lo bordés y lo bondano,
gente de Fe y sencilla,
quien maneja y quien no tiene,
el que gasta y el que estira,
se confunden con las masas
y juntos se minetizan.
Ah¡ y un paragüas,
por si acaso esa oscura nubecilla
se emociona al ver pasar al Cristo y a su Madre
y suelta unas lagrimillas
a escondidas de la Luna.
Berebolente y sincero dirá Dios
mientras nos mira,
que agusto me he despachao
con la guapura en esta Villa.
jueves, 8 de abril de 2010
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